Cómo cambian las cosas…


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Hace algunos años, tuvimos el placer de entrevistar, junto al periodista y gran amigo Giner García, al pitcher más ganador de la pelota profesional venezolana, José de la Trinidad “Carrao” Bracho, en su casa de Maracaibo.

Al margen de las consideraciones en relación a sus logros y las célebres aseveraciones en torno a su fobia a los aviones, Bracho se refirió muy particularmente a la cualidad rentable de nuestro circuito.

“Para que viajar tan lejos, si el dinero estaba aqui en Venezuela…”, comentó el famoso monticulista criollo.

Tal afirmación, trasladada a la contemporaneidad que nos rodea, pudiera resultar hasta risible. Para nadie es un secreto que el “gran dinero”, no se halla entre los linderos venezolanos, sino en el maravilloso mundo exterior.

La cantidad que generan los jugadores de beisbol en las Grandes Ligas, incluso quienes no poseen status de super estrellas, es asombrosa e incalculable, sobre todo si lo multiplicamos y convertimos los dólares en bolívares, nuestra muy deteriorada moneda.

Recuerdo conversaciones con amigos cuyos hijos tenían intenciones de jugar beisbol en serio, y la mayoría guardaba relación con frases como: “mejor estudias, porque en el beisbol no hay mucha plata si no llegas a ser estrella”, o “le prohibí terminantemente a mi hijo que se juntara con esos muchachos que no estudian y que sólo andan realengos jugando pelota todo el día…”.

El cambio, hoy día, es radical y absoluto. Las frases cambiaron y se ubicaron cerca de estas: “mejor que ni le pare a los estudios. Aunque sea uno del montón, con sólo llegar cerca le dan muchísima plata”, o “con un mes de salario de pelotero, saca a la familia de abajo y no tarda tanto como una carrera universitaria”.

La percepción paterna es radicalmente distinta en cuanto a la práctica del beisbol. Si antes, por puro amor al juego, veía usted a los padres recostados de la cerca gritándole a sus hijos lo que debían hacer y vociferando como locos consignas en contra de los árbitros, imagínense ustedes como estarán en estos tiempos, en los que los scouts andan por todos lados y nunca se sabe cuando uno de ellos se interese en los servicios de sus muchachos.

El salario promedio de quienes militan en las mayores, raya en  más del millón de dólares por temporada, monto amplio y suficiente como para vivir como reyes.

En el pasado, se le extendía un tipo de oferta a los jóvenes recién firmados. Esta comprendía el pago de matrículas universitarias en los Estados Unidos, como “compensación” en caso de que el reclutado no pudiese hacer el grado dentro del sistema de beisbol organizado. Como muchos de los firmados no eran bachilleres o les faltaba mucho para obtener el título, esa parte de la oferta no podía cumplirse y sencillamente se perdía.

Con el advenimiento de los cambios, los empeños por graduar a los chicos con habilidades para el juego, se han incrementado. De allí que, una vez determinado el hecho de que muchos si podrían sacar provecho a esa “ganga” que les permitiría acceder a Universidades norteamericanas, también hallan modificado esa clase de ofrecimientos.

Los cambios han sido en todos los niveles y seguramente la dinámica contractual, en mercados tan “alegres” como el de los deportes con sede en los Estados Unidos, sigan transformándose para seguir capturando la atención de los que desesperadamente quieren ingresar a ese sistema.

Cuando se ven contratos como los extendidos recientemente a jugadores como Ted Lilly (40 millones de dólares); Gary Mathews. Jr (50 millones) o Tony Graffanino (3,5 millones por un año) , algunos albergan sueños millonarios, y con asidero en sus aspiraciones. Todos los mencionados anteriormente, distan de ser jugadores de primer nivel en el beisbol mayor, no obstante, la presencia de agentes y la dinámica del mercado los convierte rápidamente en millonarios.

La gran vida y la opulencia mediática que los rodea, es increíble. Con un poco de suerte, un jugador, hasta sin jugar, puede hacerse acreedor de un bono si su plantilla accede a una postemporada. Y hablamos bonos de hasta medio millón de dólares en el caso de una Serie Mundial

Son muchos los atractivos y al final de todo, si la salud y la calidad (a veces no extraordinaria) lo permite, todo eso podría llegar.

A título de broma, un buen amigo comentaba cuando tratamos informalmente este tema: “Ya le dije a mi hijo de diez años que si lo veía estudiando iba a tener problemas conmigo. De aqui en adelante, a jugar pelota y más nada…”.

Lo cierto es que, si se tiene la calidad, lo demás vendrá solo. Pero si no se cuenta con los argumentos necesarios para acceder a la élite ligamayorista, siempre es recomendable tener un “Plan B” bajo la manga.

Hay que pensar en el beneficio de nuestros hijos y no en el de nosotros mismos. Al fin y al cabo, ellos no son culpables de lo que no logramos hacer en nuestras vidas.

Se ven cosas…

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