¿Qué pasa con los Tigres de Detroit?


Si a usted le hubiesen dicho que los Tigres de Detroit ostentarían marca de 0 triunfos y 7 derrotas en la arrancada de temporada, ¿hubiese hecho caso o se habría refugiado en el reflejo del impresionante roster que lograron conformar?…

Al margen de las causas elementales que propician las derrotas de una plantilla (poco bateo, inefectividad monticular, poca cohesión al momento de la acción, etc), existe un punto distinto y quizás mucho más importante para tomar en cuenta: es un juego hecho por y para el hombre y como tal, es susceptible de variaciones imopredecibles en el ámbito de las predicciones exactas.

Si analizamos la estructura de los Tigres, no podemos menos que admirarnos ante el torrente de talento que posee: Iván Rodríguez, Carlos Guillén, Plácido Polanco, Edgar Rentería, Miguel Cabrera, Gary Sheffield, Curtis Granderson, Magglio Ordóñez, Dontrelle Willis, Jeremy Bonderman, Kenny Rogers, Justin Verlander, Joel Zumaya y Fernando Rodney, entre otros, harían pensar de inmediato en una Serie Mundial.

Si a eso, se le añade la dirección de Jim Leyland, ¿Cómo perder un juego…?

Sin embargo, los hombres son imperfectos, y por más que se quiera tener un gran año, eso dependerá de muchos factores: lesiones, concentración y el infaltable “mal año” que todos tienen en sus carreras.

Resultaría infantil pensar que, con tanto talento, el equipo no se recuperará. Obviamente ganarán juegos y pudieran, en efecto, estar en la Serie Mundial, no obstante, tendrán que revisarse y estar alertas con lo que ha pasado hasta hoy.

La historia registra varias plantillas “super poderosas” que han sido inefectivas por no poder trabajar en conjunto. Muchas estrellas complican el “egódromo” de cualquier dugout y los Tigres no tienen por qué ser la excepción.

Basta con mirar a los Atléticos de Oakland en el Clásico de otoño del 90 contra los Rojos de Cincinnati, para ilustrar lo mencionado anteriormente. En el beisbol, se gana con hombres y no con nombres (palabras de algún otro sabio) y esa debe ser la apuesta de los felinos para esta temporada.

Claro que despertarán, pero siempre deben estar advertidos de que las desgracias reflejadas en derrotas existen y pueden cobrar muy caro, probablemente en un momento más importante que la arrancada.

La presión de ser favoritos, no debería ser una sombre para tantos “caballos”, por lo que ni valdría la pena tocar este punto.

Ya veremos cuando se produce el despertar y el juego en equipo. De allí en adelante, habrá que temerle mucho a los rayados.

Ahora bien… si es el “mal año” de todos, nunca se sabrá…

Falta mucho amigos… pero falta menos

 

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