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Son muchas las cosas buenas que el beisbol ha aportado a la vida de quienes lo siguen. Muchas parejas se conocieron en un estadio de pelota, al conjuro de gritos y lupulosas calientes, de esas que pierden su cualidad de “friíta” con el paso de los innings.

Otros tienen como referencia inmediata, para determinar años pasados y relacionarlos con hechos que relatan en el presente, sencillamente un torneo específico. De allí que “eso fue cuando el no hit de Urbanito” o “no señor, eso pasó el mismo año de los 20 jonrones de Baudilio” y pare usted de contar situaciones ajenas a la pelota, que la tienen como patrón cronológico.

Son tantas las anécdotas, entrevistas, historias, fantasías, mentiras y verdades que han girado en torno a éste hermoso pasatiempo, que serían interminables las páginas para recogerlas.

Cada quien tiene su versión del deporte y nunca dejará de tener la razón cada vez que se reúna con sus colegas de tribuna para discutir o analizar cualquier acción peloteril.

En las casas, las oficinas, los automóviles y los restaurantes de todo el mundo, hay una sucursal del estadio. A veces ni preocupa tanto el no conseguir entradas en el mismo parque, siempre y cuando hallemos una mesa grande frente al televisor del local de nuestra preferencia.

El beisbol ha marcado la vida de los venezolanos y de todos los ciudadanos que en algún momento tienen contacto con el juego.

Es un compendio de reglas difíciles de explicar a un adulto que jamás haya visto un cotejo. “Si se ponchan con tres strikes, porque con dos dan un foul y no está ponchado el bateador…”. ¿Le han hecho a usted alguna vez esa pregunta?. Lo peculiar es que, más que aclarar la duda, nos preguntamos como alguien pudo haber vivido tan alejado de la maravilla del principal pasatiempo de los venezolanos

En nuestro caso particular, los trasnochos vividos en mi infancia de Puerto La Cruz, tuvieron su recompensa. Los regaños maternos cuando me hacía el dormido a las 7 de la noche con el radio debajo de la almohada, encontraron cobijo en esta carrera mediática dentro de la pelota.

Es una bendición poder hacer lo que nos gusta y encima… recibir una paga por ello.

Ojalá y disfruten de este esfuerzo que es, sinceramente, para todos ustedes.

 

Luis Enrique Sequera